Su deslucimiento empieza a ceder. El césped de mi casa reverdece tras las lluvias de los últimos días. Le agradezco su paciencia y comprensión ante un duro tiempo de sequía que me forzó a no regarlo.
Si en barrios de Santo Domingo y numerosas poblaciones del interior imploraba la gente por recibir algo de agua potable, no podía cometer la indolencia de utilizar la disponible en el aspecto de mi jardín. La sequía ha llegado a su fin y siento que la medida cumplió una misión de impacto material mínimo pero significativo hacia crear conciencia ambiental.
El agua es un recurso imprescindible que se vuelve escaso. Administrar mejor nuestra cuota contribuye a preservarlo.
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