“El que no inventa no vive”, dijo anteayer la escritora española Ana María Matute, 86 años, al recibir el Premio Cervantes, en palpable ejemplo de que perseguir renovados sueños y estímulos intelectuales o productivos, enriquece cualitativamente la existencia de manera determinante, al paso de los años. En realidad, contrariamente a la creencia de que las destrezas mentales declinan con el envejecimiento, algunas se vuelven mejores.
Hallazgos revelan que se tornan más agudos el razonamiento y capacidad de solución de problemas; las prioridades son más claras, además.
Y mientras más inmersos en aprender nuevas habilidades y sumar conocimiento, más se fomenta la juventud cerebral durante los años dorados. Mayor edad no justifica espíritus rezagados.
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