La política y el béisbol están propiamente distinguidos como tremendas pasiones dominicanas; puesto el oído en tertulias mediáticas, familiares, sociales, se comprueba que el desconocimiento no es óbice para “analizarlos” con “precisión matemática”.
En la discusión deportiva nos conducimos más racionales, al menos solemos convenir que “la pelota es impredecible”. En política “sabemos” lo que pasará, que será conforme consideremos.
Aclarado que “ella no va”, florecen los pronósticos sobre quién gobernará la nación, a un año de la celebración de las elecciones.
Unos vaticinan conforme sus expectativas; otros por presunto acceso a información privilegiada. Es que la política tiene en la información- o desinformación- un arma de guerra que el beisbol no necesita.
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