Integrados a las celebraciones cristianas o haciendo sano provecho del descanso, que la Pascua haya llenado su fin favorablemente.
Reincorporados al trabajo, remunerado y/o no remunerado –las labores domésticas cuentan como ocupación-, oportuno recordar que estaremos menos o más presionados no en función de la lista de tareas. Nuestros pensamientos y actitudes son los reales responsables de si “paramos en locos” por los numerosos pendientes.
Tomarnos unos minutos para una oración; tres o más respiraciones profundas; reconocer que el mundo continuará su marcha aunque no alcancemos terminar las cosas por hacer, nos ayudan a mantenernos calmados. Afortunado quien se siente mentalmente desocupado en medio de múltiples ocupaciones.
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