Siguiendo con la onda “Aníbal”, no extraña que los políticos se nutran de los grandes estrategas militares de la historia; la política es también una guerra o la guerra es extensión de la política. El conflicto es en cierto modo agradecido por los líderes, en tanto los reta intelectual y anímicamente.
En las luchas de poder, el enemigo es fin y medios a la vez. Enemigos “buenos” fuerzan a sacar las mejores habilidades guerreras para vencerlos.
Ante la “batalla” de la candidatura presidencial del PLD, la interrogante bélicamente lógica es si podría un estratega político como el presidente Leonel Fernández, resignarse a contemplarla mansamente desde fuera. Difícil bajar la guardia, si acicatea un “buen enemigo”.
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