Hay muchas formas de cerrar expedientes dolorosos, también de abrir las puertas al futuro y la esperanza. Conozco de alguien que le celebró un funeral en vida a una ex pareja, para asumirlo como muerto.
Yo, para enterrar el pasado, tengo al basurero o al trasmano como aliados. De nada sirve guardar “recuerdos” de lo que pudo haber sido y no fue.
Abonar el camino hacia nuevos aires de vida a veces requiere deshacerse de lo querido. Bajo esa convicción, recientemente vendí mi mobiliario hogareño. No sé si alguna vez dispondré de los medios económicos para reponerlo, pero lograrlo se me plantea como una meta y me impulsa a nuevos esfuerzos. Vivir es intentar.
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