Mejor un mal empleo que ninguno? Lógico que sí, pareciera; máxime en nuestro contexto de país subdesarrollado. Con nuestras escasas oportunidades “dichoso” quien trabaja “en lo que aparezca”.
Pero investigadores australianos midieron el impacto psicológico de estar desempleado o tener un mal empleo y comprobaron que para la salud mental, los efectos adversos son superiores en el último caso. Un empleo desequilibrado en esfuerzo-compensación y presionante dañaría más que “el paro”.
Se sugiere que las políticas públicas promuevan empleos de calidad, en pro del bienestar del trabajador. El impacto psicológico negativo de los empleos cualitativamente pobres implica un costo de salud.
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