La marca del alimento manufacturado preferido por mi gata devino incosteable al elevar mucho su precio y la sustituí por otra más económica. “Kitty se acostumbrará, no se va a dejar morir de hambre”, pensé, confiada en la superioridad del instinto de supervivencia sobre cualquier eventual capricho gastronómico de mi mascota.
Mi predicción falló: El felino rechaza persistentemente la nueva comida, cual dispuesta a perecer por inanición. ¿Por qué el radical comportamiento? Bueno, por placer comemos los humanos.
El placer al comer y el sexual son pivotes para la perpetuidad de la especie. El gusto es la motivación para ambas funciones; ausente éste, no las hiciéramos y pereceríamos. Quizá los gatos nos copian inteligentemente.
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