Es costumbre que valores como defensa de derechos humanos o protección de civiles sean el argumento oficial detrás de acciones militares como la que las potencias globales comandan contra Libia actualmente; o en el pasado, como la intervención de Irak en 2003.
En realidad, la suerte de los pueblos es lo menos atendible para el poder mundial en estos casos, si bien el recurso propagandístico por excelencia. Objetivos geopolíticos estratégicos son el real leitmotiv. Por eso, los tiranos son apoyados o combatidos conforme convengan o no a los intereses de las grandes potencias en una coyuntura. Fue lo mismo con Trujillo, con Saddam y con Gadafi ahora. La conocida política de doble moral internacional.
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