Las instalaciones de la empresa del kilómetro 14 de la Autopista Duarte eran impresionantes. “Aquí nos atenderán por pena”, secreteé a mi hermana al penetrar junto a ella al moderno y confortable edificio de la compañía que visitábamos por primera vez, en pro de un servicio de alta calificación.
Su propietario, creativo, talentoso y exitoso profesional dominicano disipó mis aprensiones. Nos dedicó atención, energía y entusiasmo cual viejos conocidos.
Su personalidad afable y humana hizo de aquel encuentro una experiencia amena y reconfortante. Recibí un ejemplo de sencillez y calidad personal que me recordó que ser grande no depende de lo que tenemos, sino de quienes somos despojados de apariencias.
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