Si viviese en Santiago de los Caballeros buscaría ya información sobre cómo protegerse en caso de terremoto. Reuniría a vecinos y familiares para organizar un plan de acción común.
Con la colaboración de expertos establecería el estado de las edificaciones de mi entorno residencial y laboral; sobre el diagnóstico conformaría un comité de prevención llamado a asegurar las condiciones de seguridad necesarias en caso de sismo.
Ya configurada la preparación individual y comunitaria, contactaríamos ayuntamiento u organismos oficiales de socorro, para ajustar estrategias o coordinar movimientos.
Impulsaría toda acción posible con el propósito de que, de ocurrir un terremoto, no dependa mi suerte exclusivamente de lo preparadas o no que estén las autoridades.
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