Recibí cartas de activos lectores de Santo Domingo remitidas por correo convencional, algo inusual hoy día. Mediante esta entrega expreso mi agradecimiento a tan amables personas; tomarse su tiempo para elaborar una carta –una de ellas manuscrita incluso-, sellarla y llevarla hasta el correo es un gesto encantador.
El limitado espacio de esta columna me impide detallar sobre los comentarios dirigidos, que específicamente trataron sobre un pasado artículo referido a las empleadas domésticas, pero les aseguro que los comparto plenamente.
Además, lamento aquellas malas experiencias que me contaron, que también he padecido. Mi artículo se limitó a describir una situación típica de nuestra sociedad.
Gracias del alma por su atenta lectoría, les aprecio y respeto.
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