Toda la vida padeciendo recurrentes gripes; ni decir de la agobiante rinitis que me trataba con antialérgicos y antibióticos. Fui diagnosticada como alérgica a los ácaros y a los gatos. Descubrí luego que también reaccionaba al maní y a las nueces.
Pero seguía sufriendo. Entonces investigué, observé, hice pruebas y comparé hasta detectar el detonante mayor de mi debilidad sistémica: alergia a la leche, a la proteína láctea, cuestión distinta a la llamada intolerancia a la lactosa.
Abandoné los lácteos radicalmente y el resultado es prodigioso. Nunca imaginé mi actual bienestar, me había acostumbrado a la enfermedad. A veces los enemigos de nuestra salud están más cerca e integrados a nuestras vidas de lo que podemos suponer.
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