Al regalar una sonrisa -en el trabajo al menos-, vale que esté conforme con nuestro ánimo y nunca sea fingida. Una investigación reseñada por el New York Times reveló que si forzamos la sonrisa en el ámbito laboral, por puro compromiso o pretendiendo encubrir malestar interior, el mal humor empeora, hasta inducirnos a retirarnos de la actividad que realizamos, incluso.
Para alejar tal “calentón”, que a cualquiera puede significarle la cancelación, se recomienda sustituir los pensamientos negativos por positivos, de modo que la sonrisa secunde un ánimo óptimo, lo que también, según el estudio, favorecerá la productividad. Me pregunto ¿Qué tanto podría aplicarse la fórmula si fuere el trabajo mismo la razón de nuestro desagrado? Difícilmente.
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