Las “Cartas desde Denver”, el más reciente hijo de nuestra Ligia Minaya, me han acompañado estos días antes de dormirme; la primera obra epistolar que leo y una dulce fuente de esparcimiento. Las entregas conforman un balance interesante de intimismo, amistad, nostalgia, actualidad, patriotismo, preocupación, crítica, alegría, pena, reflejo de la sensibilidad y riqueza de vivencias de una dominicana amante de sus raíces, de los que “se van pero no se van”. Enérgica y negadora de mojigaterías, sin pelos en la lengua pero muy femenina también, recompensa leer a doña Ligia. Aprendizaje y el identificarme con mucho de lo expuesto me quedan de las Cartas. Asimismo admiración y respeto incrementados hacia la autora, mocana excepcional.
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