“Ladronas, mentirosas, coquetas, glotonas”, de los términos infaltables en las conversaciones entre amas de casa sobre las empleadas domésticas; éstas en tanto hablan de “doñas” abusivas y regañonas.
De amor y odio, ha sido tradicionalmente esta relación, con las naturales excepciones. Un intercambio forzoso donde prevalece la incomprensión mutua; las primeras mayormente ven a las segundas como objetos antes que personas y éstas a aquellas como fuente de malos tratos.
En materia de acceso a la salud, la suerte de las domésticas ha dependido de que su empleadora manifieste o no disposición para “ayudarla”.
De ser incorporadas a la seguridad social, como se ha anunciado, el injusto modelo terminará. Para paz de las jefas, concomitantemente.
Esta dirección electrónica esta protegida contra spambots. Es necesario activar Javascript para visualizarla
Comentarios (0)