“Esto no es mío”, solemos decir los dominicanos, convencidos de que cuando se trabaja para otros, basta con acogerse a la ley del mínimo esfuerzo. Si bien circunstancias atendibles como bajos salarios, falta de incentivos o el maltrato de los superiores pueden incidir en la postura, hay quien así se conduce por puro subdesarrollo mental.
Quien trabaja con desidia por “trabajar para otro” se perjudica a sí mismo ya que nunca pondrá todo su potencial en movimiento y consecuentemente no creará condiciones para forjarse mayor valor laboral.
Aquel que al trabajar para otro se ocupa de hacerlo como si fuera para sí mismo, es quien inteligentemente construye el cimiento para llegar a convertirse en su propio jefe alguna vez.
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