El carnaval alude a un tiempo “autorizado” para la gente dar rienda suelta a “los placeres de la carne”, en oposición a la represión y abstención mandada por la Cuaresma.
Puede interpretarse como un ejercicio de balance o equilibrio entre la religiosidad y lo secular, si al fin al cabo ambos polos conviven inevitablemente en el ser humano.
En el mundo actual el carnaval ya no cumple su “objetivo” primigenio de tiempo de liberación permitida y más bien permanece en nombre de la tradición, como expresión y fiesta popular.
En nuestro país el carnaval tiene la particularidad de celebrar la alegría de la Independencia Nacional.
Y es que el carnaval rinde honor a la libertad.
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