Santo Domingo puede ser apodada “la ciudad del claxon”. El bocinazo prescindible, perturbador y ensordecedor es otra de las formas de ruido que afectan la tranquilidad familiar y ambiental.
El excesivo uso de la bocina vehicular no es solamente perverso reflejo del caos en el tránsito, hay gente que la suena para hacerse sentir o simplemente fastidiar con ánimo arrogante y fantoche.
Es un acto de agresión colectiva tocar una bocina en una zona residencial en horas de la madrugada, pisoteando el derecho al silencio que tiene la comunidad; igual quien hace su entrada “triunfal” con una música desde el vehículo a todo volumen.
Tanta bocina callejera enferma y el problema no admite ya más tolerancia.
Esta dirección electrónica esta protegida contra spambots. Es necesario activar Javascript para visualizarla
Comentarios (0)