No pasó de un susto, felizmente, el temblor que la tarde de un día como hoy hace un año se sintió en nuestro territorio. Pero al paso de las horas descubrimos conmovidos que Haití había corrido la peor de las suertes: un terremoto devastador.
República Dominicana emprendió la más admirable muestra de solidaridad y humanidad, la tragedia haitiana cambió la agenda nacional y no llamaba a menos su angustiosa magnitud. Cumplimos con nuestro deber pero la comunidad internacional recula; consecuentemente nuestro país padece los efectos de un mayor deterioro haitiano.
Quiera Dios que este año lleguen las soluciones planteadas. Mientras internacionalmente hablan mucho pero hacen poco por Haití, el interés nacional continúa seriamente perjudicado.
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