Esperaba dijera “pasar de curso”, un viaje; cosas así. Sorprendentemente la respuesta de mi quinceañera hija al preguntarle yo sobre sus deseos para 2011 fue “que nuestra relación siempre se mantenga bien”. Nada casual. Nuestra convivencia no estuvo exenta de tensión el año recién concluido; haciendo énfasis en la comunicación y respeto mutuos los eventos fueron superados. Vale no bajar la guardia. Aun uno tan estrecho como el vínculo madre-hijos, antes que dar su buena marcha por sentada conviene cuidarle día a día, mediante acciones que fortalezcan el afecto y la confianza. Hay más que superficialidad en la personalidad de los adolescentes; queda a los padres reconocer, tácticos, que a veces los pupilos podemos ser nosotros.
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