¿Cuántos dominicanos no sentimos alguna vez que la sola risa de Cuquín o de Freddy nos hacía reír, fuera de la comedia o el chiste en sí que presentaran? Reíamos automáticamente sólo al verlos y es que la risa es contagiosa. Si hacemos costumbre de reír cada vez reiremos más.
La sonrisa manda al cerebro la señal de que la persona está feliz, lo que a la vez causa que ría más y sucesivamente que se sienta aun más feliz, un círculo virtuoso.
Si sonreír más no está en nuestra lista de resoluciones de Año Nuevo, rehagámosla. Podemos sonreír por decisión y hacer de la risa armadura eficaz para combatir circunstancias desfavorables. Me consta.
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