Todo llama a alegría y celebración en Navidad. El ambiente, influenciado por la publicidad, acentúa el consumo y las reuniones festivas. Pero entre muchos la tristeza hace presencia; la depresión de Navidad es real.
Tiende a manifestarse cuando las condiciones o expectativas del individuo no armonizan con la parafernalia de la celebración: Si se está solo o se carece de capacidad de compra para regalarse a sí mismo o a los demás, por ejemplo.
Reconocer detonantes es prioritario para abordarla, hay que prepararse mentalmente para no dejarnos llevar por la corriente, aceptar sabiamente nuestra realidad individual.
Ayuda ejercitarnos (particularmente beneficioso el yoga), evitar el alcohol y estar consciente de los propios sentimientos para entenderlos y manejarlos.
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