Su marido la abandonó por otra, pero lejos de sentarse a llorar de pena, mi amiga se dispuso a poner de lado el dolor y aprovechar la soledad que al momento le tocaba.
Inició nuevos estudios, cuidó más su salud, dedicó más tiempo a divertirse con su familia.
Su actitud la ayudó a vencer el apego y la dependencia afectiva; liberar su potencial escondido le aportó seguridad y expectativas renovadas. Con gran frecuencia las mujeres hacemos de la vida del compañero la nuestra, actitud errónea que impide abrir nuevas puertas a la vida y el amor cuando una se cierra. Pero nadie que no se quiera primero a sí misma está en capacidad de hacerse querer por otros.
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