Interesante, desde una perspectiva estratégica, la posición del Departamento de Estado frente a las filtraciones de Wikileaks, que viene dando dolores de cabeza a Washington desde que meses atrás desvelara informes confidenciales relativos a la guerra de Afganistán, seguidos por sucesivos “ataques” informativos. EE.UU. no hace referencia directa a los documentos y su naturaleza comprometedora, acentúa el carácter alegadamente impropio o criminal de la “desclasificación” inautorizada incurrida por Wikileaks.
Procura evitar el error de negar lo evidente; además, devolver el ataque connotando una condición de proscripción para la entidad, que sólo estaría haciendo un ejercicio de libertad de expresión.
Como si villano fuera quien dice el pecado, no quien lo comete.
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