Contrario al ejemplo de humildad y frugalidad legado por la tradición cristiana alrededor del nacimiento de Jesús, para los dominicanos celebrar la Navidad equivale a dispendio, “botar la casa por la ventana” es la felicidad para esta época.
La particularidad es muy desfavorable frente a nuestra precaria situación energética, que exige ahorrar electricidad.
A más consumo, más gasto de combustible pagado en dólares; incremento de apagones cuando falta el dinero para adquirirlo.
Pero no hay conciencia del problema ni siquiera a nivel del sector público, de lo contrario no veríamos a tantas instituciones del Estado adornadas con una iluminación navideña más propia de París que de un país con las limitaciones del nuestro.
Enero pasará la factura.
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