Tormento sin fin los hoyos en carreteras, avenidas y calles del país, tapan uno, surgen dos. Quienes no tenemos vehículos altos somos los máximos dolientes de los hoyos, pero en medio de la furia que sigue a un carro golpeado o una goma destruida, filosofar para no enloquecer.
Los hoyos son parte de nuestra imagen y realidad: lastiman a los turistas en las playas; el grueso de la población empobreció en 2003 por el hoyo financiero de los tres bancos quebrados; hoyos en el presupuesto público han estrangulado la economía y endeudado la nación desde el siglo XIX.
El peor de todos es la inconciencia frente a esta realidad, por lo que puede tomar mayor dimensión y consecuencias para el país.
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