Convivir con personas con discapacidad mental o física enseña que el amor representa la llave que puede abrir puertas hacia realizaciones insospechadas.
Más que la limitación, muchas veces es el rechazo lo que impide a las personas especiales sacar a la luz todo su potencial; su condición no les hace emocionalmente inmunes.
Pero contar con la fuente de comprensión y autoaceptación que necesitan para sentirse seguros de sí mismos, no siempre es la posibilidad más real para ellos.
Nosotros, los llamados a asegurársela, somos asiduos a negársela. Perdemos de vista que el “problema” deja de ser problema en la medida en que dejamos de verlo como problema.
Los “queremos como son” y hallamos el mayor amor de todos.
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