Una cosa es un museo para mostrar a las nuevas generaciones los horrores de la dictadura sin ejemplo de Rafael Leonidas Trujillo Molina, lo que correctamente favorece el autor de La Fiesta del Chivo, Mario Vargas Llosa, y otra, distinta, lo que auspicia legislativamente un diputado por San Cristóbal.
Se intenta disfrazar su fondo real pero detrás de esa iniciativa subyace una corriente neotrujullista interesada en distorsionar la historia y bajo pretextos de “equilibrar” los hechos “resaltar también las cosas buenas” de la era. El refajo quedó expuesto en el inicio de las vistas públicas sobre la pieza.
Que no se llamen a engaño el Nóbel 2010 ni los dominicanos comprometidos con la dignidad y la democracia.
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