Educación y estudio son las herramientas para la superación pero en el país se incuba un fenómeno contraproducente. Crecen los casos de jóvenes que, en conquista de una alta calificación profesional, egresan meritoriamente de nuestras mejores universidades y además se especializan mediante estudios de postgrado aquí y en el exterior.
Pero al procurar insertarse laboralmente, se estrellan con la realidad de un mercado incapaz de absorberlos.
Su sobrecalificación se convierte en una situación frustratoria. La problemática tiene relación con la ausencia de políticas públicas que armonicen la educación superior con las necesidades de desarrollo. A lo mejor sobran abogados mientras faltan ingenieros o viceversa. Planificación pendiente para los ministros Montás y Melo.
Comentarios (1)