Los dominicanos conformamos una sociedad sentada en la desconfianza. “Amigo es un peso en el bolsillo”, solemos proclamar. Entre las colonias criollas en el extranjero es común la frase de que “el dominicano es el peor enemigo de otro dominicano”. En el tránsito rechazamos abrir paso a las ambulancias, si acaso no llevan urgencia alguna sino un “vivo” buscando evitarse tapones.
Antonio Zaglul apuntó en el pasado que “el dominicano vive chivo”; recientemente el consultor francés Attalí identificó la desconfianza ciudadana en las instituciones como grave obstáculo al desarrollo.
¿Remanente del autoritarismo, mecanismo de supervivencia o efecto de la impunidad? Algo de todo, quizás, pero evidente que nuestro liderazgo político nos fuerza a descreer más cada vez.
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