Que los mineros nunca serán los mismos, comentaron psicólogos en referencia a las secuelas que dejaría en aquellos 33 suramericanos la experiencia de permanecer casi setenta días bajo tierra.
Los eventos dramáticos nos marcan, indefectiblemente. Dejan huellas de variable matiz según su impacto y la particular personalidad de cada quien.
Es de esperar que los mineros, como debiera todo individuo emergido de una situación extrema, lleguen a interiorizar el capítulo con actitud provechosa y valoren que peor que conocer la desgracia o padecer dolor es no asimilar las enseñanzas de vida que de ellos pueden desprenderse. Nunca seremos los mismos, no, tras el sufrimiento.
Pero dependerá de nuestra actitud avanzar o involucionar humanamente.
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