No sólo enferma el estrés severo, postraumático o crónico. También el cotidiano, es decir, el originado en los adultos a partir de situaciones del día a día como el trabajo o el tránsito, o un proyecto escolar en los adolescentes, cuando excede los niveles necesarios para mantenernos en sana alerta. Puede debilitar la memoria y la atención; dificultar la función cognitiva y hasta afectar la habilidad para tomar decisiones.
Cuando estamos bajo presión el circuito del estrés se enciende y el organismo produce varias hormonas; se apaga finalizado el factor estresante.
Repetitivos episodios estresantes lo mantienen encendido, promoviendo condiciones mórbidas.
El manejo del estrés es asunto de vida. Tiempo para relajarnos es tiempo sagrado.
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