El problema de la inseguridad adquirió este fin de semana una vertiente aun más preocupante al conocerse que un empresario coreano ha decidido cerrar sus negocios en el país, agobiado por la delincuencia y las pérdidas económicas que ésta le ha significado.
Sobran las quejas de comerciantes y propietarios de pequeñas o medianas empresas por el auge de la criminalidad, pero no habíamos llegado al punto de que los robos y asaltos afectaran la actividad de una empresa extranjera hasta colapsarla.
Nuestro clima de negocios es reconocido entre los mejores de la región, pero si el Estado no enfrenta decididamente la criminalidad nos arriesgamos a perder esa valiosa condición, vital para el desarrollo.
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