México apura los festejos de doscientos años de independencia y algunos sectores plantean que un país asolado por la violencia criminal asociada al narcotráfico, económicamente golpeado además, “nada tiene que celebrar”.
Una actitud probablemente justificada en lo objetivo pero equivocada en lo táctico. Sucumbir al desaliento y la desesperanza es lo menos indicado para contrarrestar los males de la mexicana, la dominicana o cualquier otra sociedad.
Ellos con su drama; nosotros con el nuestro, que nos significó la muerte de los tres agentes policiales y otras escenas de terror el fin de semana, hacemos frente a un desafío a la autoridad que para ser vencido demanda de unidad nacional y preservar la confianza en las instituciones.
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