Los actos terroristas del 11 de septiembre de 2001 no involucran a “los musulmanes”. Fueron responsabilidad de un grupo dirigido por un creyente musulmán saudita que actúa bajo objetivos políticos (Bin Laden).
Estigmatizar el Islam como un dogma asociado a la violencia terrorista de factura árabe es una distorsión aberrante. La historia del siglo veinte explica elocuentemente dónde residen las motivaciones de ese fenómeno, eminentemente de este mundo, por cierto.
Lo menos deseable en momentos en que la humanidad se juega su futuro son posiciones como la de llamar a “quemar el Corán”, que promueven más odio e incomprensión hacia el mundo árabe. Los verdaderos cristianos como los verdaderos musulmanes apuestan al entendimiento para la paz.
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