Si para lograr una lectura con adecuado nivel de concentración se prefiere imprimir a leer desde la pantalla; si se entra en una habitación y no se recuerda qué fue a hacerse allí o si la mente divaga en medio de una reunión importante, en general no hay razón para preocuparse.
El cerebro humano se orienta sobre todo a la distracción, es su naturaleza evolutiva y la reivindica con aquellas y otras manifestaciones de descanso mental que tan frecuentemente nos traicionan.
Hay pequeñas fórmulas para reactivarlo. Cuando se pierde concentración en el trabajo, por ejemplo, dejar el escritorio y cambiar de actividad por unos instantes: charlar, caminar. Los congresistas tienen buen entrenamiento al respecto.
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