Traficó narcóticos en los Estados Unidos. Encarcelado, cumplió condena de 17 años. Fue deportado y busca, con todo derecho, desterrar el pasado y recomenzar en este, su país. Se queja de su falta de éxito; no logró convertirse en diputado, no consigue buenos empleos.
Nuestra sociedad cierra las oportunidades al deportado, afirma con razón. Creo en las segundas oportunidades y me cuento entre los que propugnan por la reinserción de los deportados.
Pero la historia de René Vicioso, presidente de la fundación de “apoyo” al deportado “Bienvenido Seas”, publicada ayer por El Caribe, dispara las alertas. Como el alacrán, algunos no cambian su naturaleza. Ambiciosos persistentes, picarán tan pronto puedan.
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