Puede lucir fuera de lugar referirse a problemas del ámbito de las pequeñas o medianas empresas cuando el gobierno maniobra para combatir el déficit público a fin de preservar la estabilidad macroeconómica.
No lo es. Tanto porque conocemos las incansables luchas de dominicanos emprendedores y persistentes que se hallan solos en sus aspiraciones de consolidar buenas iniciativas de negocios en su país, como porque en la problemática concurren situaciones que confirman la incapacidad del Estado para aplicar políticas desarrollistas con sentido de continuidad.
No sólo no funcionó el Promypime sino que una ley aprobada para favorecer las “pymes” no se aplica por falta de reglamento.
Oportuno todo llamado por los chiquitos ahora y después.
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