Aunque lejos de concluir el caso y con muchas interrogantes aun abiertas, la captura de Figueroa Agosto y los procesamientos a presuntos integrantes de su red, además de que policías y militares corrompidos están siendo sacados, son hechos que restauran la confianza en el Estado y su voluntad para enfrentar la terrible amenaza del crimen organizado.
La designación del nuevo jefe de la Policía y su declarada intención de trabajar respetando las atribuciones del Ministerio Público, también se suma como elemento promotor de una imagen de ruptura con una ominosa jefatura anterior.
Al momento el Gobierno se perfila ganancioso de la batalla de la opinión pública, en lo relativo a su compromiso para enfrentar el narcotráfico.
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