Todos nos solidarizamos con los profesores y alumnos de la Universidad Eugenio María de Hostos. La aspiración es que ellos, como perjudicados por la suspensión de ese centro docente, encuentren alternativas a su situación con el apoyo de las autoridades, no deben pagar platos rotos ajenos.
Asumiendo que la parada operacional de la Uniremhos ha sido dispuesta bajo estricto criterio técnico y agotadas otras opciones, la medida del Mescyt es dolorosa pero legítima y el debate no debe ser desviado bajo falsas concepciones populistas. Cuesta organizar la casa cuando por muchos años la falta de supervisión y de seguimiento relajó el ámbito de la educación superior, aupando mar revuelto para algunos hacer negocios.
Había que comenzar.
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