Ninguna comida mejor en el mundo que la bandera dominicana, de acuerdo. Pero que el amor a lo nuestro no impida abrirnos a culturas culinarias distintas. Aquí hay gente tan cerrada que pese a ser viajera de los cinco continentes, se niega a ceder un ápice si se trata de probar platos distanciados del patrón criollo de alimentación. Estar dispuestos a averiguar qué realmente puede gustarnos cuando nos vemos expuestos a experiencias gastronómicas exóticas, amén de constituir un gesto de educación, respeto y consideración hacia las demás culturas, nos proyecta como personas inteligentes. La personalidad encasillada, negada al cambio y siempre apegada a los mismos gustos, denota rigidez mental. Explorar aporta, sino disfrute, aprendizaje.
Comentarios (0)