Cuando nuestras programaciones individuales se ven trastornadas por ciertos eventos: un proceso viral, un desperfecto mecánico del auto u otras minucias, solemos sentir que el cielo se nos viene encima. Al final de cuentas no queda más remedio que posponer lo que presumíamos impostergable, olvidarnos de la tarea que entendíamos imprescindible. Actuar con inteligencia emocional y procurar el auto dominio es la mejor actitud en tales situaciones. Enfurecernos, maldecir, la peor decisión. Hacer de la parada forzosa en la agenda diaria una oportunidad, ya sea para el descanso físico y mental o la introspección reflexiva y serena, nos reportará beneficios intangibles. La impaciencia, el atormentarnos ante lo que pudo haber sido y no fue desgastan.
Comentarios (0)