La historia enseña que las crisis petroleras de 1973 y 1979 transformaron los patrones de consumo de combustible en las naciones industrializadas, inclusive los fabricantes de vehículos cambiaron a modelos más compactos.
Por estos días en Londres desarrollan un programa de alquiler de bicicletas, con objetivos ambientalistas y de ahorro energético.
En nuestro país, pobre e importador neto de petróleo, no parece que crisis energética alguna nos empuje a deponer estilos de vida –sabemos cuáles- que apuntalan un consumo de combustible impropio de nuestro nivel socio-económico.
Las capas altas de la sociedad tienen la mayor responsabilidad en la cuestión y son las llamadas a promover, mediante el ejemplo, una cultura de consumo de combustible más racional.
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