“Gracias por permitir hablar a los invitados”. La fina crítica emitida por una oyente vía telefónica produjo en el conductor del programa radial una perturbación que se transmitió a través de las ondas hertzianas.
La preocupación de la dama era pertinente pero siendo justos, aquel programa no acusa la situación más grave cuando de entrevistadores interrumpiendo a los entrevistados a tontas y a locas se trata.
Salvo contadas excepciones, nuestros comunicadores que hacen de entrevistadores evidencian escasa habilidad para escuchar con la debida atención a quienes entrevistan, como forma de cuidar intervenir en el diálogo lo necesario. Hablan al punto de competir con el interlocutor por el protagonismo, una fatal falta de técnica.
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