Es de esperar que tras el llamado de atención del cardenal López Rodríguez, acabemos con la frivolidad alrededor de las figuras de Figueroa Agosto y Sobeida Félix. Antes de las declaraciones del prelado esta columna observó que el caso era banalizado, sin intención mayor por seguro, pero se promovía así una defensa sutil, muy inquietante, de estilos de vida logrados mediante la actividad criminal.
El Cardenal ha apelado a un tratamiento más “responsable y serio” por parte de los medios pero si algún error pudiera atribuírseles a éstos es haber contemporizado con una corriente de espectacularidad trazada por toda la sociedad, incluyendo algunas autoridades que prohijaron un recibimiento impropio para una prófuga de la Justicia.
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