Por momentos pareciera que la “saga” Figueroa Agosto-Sobeida Félix ejerce entre nosotros una fascinación distorsionada. Nos regodeamos en el atractivo físico del caballero o los gustos finos de la dama, pese a saberlos personajes vinculados al bajo mundo. Aunque la intención es lúdica y el ánimo inocente, se incurre en una apología sutil de patrones indefendibles.
El efecto recuerda a Miami Vice o el Cartel de los Sapos; cuán humanamente seductora es la vida lujosa y sibarita que solapa la violencia y suciedad del narcotráfico y delitos conexos. Con o sin “vacas sagradas”, en este caso el rol moralizador de la justicia adquiere singular relevancia. Hay necesidad de un mensaje contundente a la sociedad para contrarrestar valores falsos.
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