Ni Laura Esquivel se lo habría figurado cuando escribió “Como agua para chocolate”. El auge de los programas de cocina reafirma la intensidad del vínculo entre comida, hedonismo, sensualismo y la cultura de la época.
Divas criollas como Eugenia Rojo y Jacqueline Henríquez; extranjeras como Martha Stewart, Rachel Ray o Rebeca Rincón, son de los nombres más familiares entre una amplia lista de figuras, masculinas también, adoradas por el público por su talento para preparar platos en la televisión - y hasta en la radio- local o internacional.
Nos cautivan por ser heraldos del comer como instrumento de satisfacción de los sentidos, más que de mera supervivencia, algo que asociamos a una vida bella y exitosa.
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