Si en estos momentos a los dominicanos nos dijeran “pide un deseo”, el coro, unísono, no puede ser otro: “Que no nos siga matando el dengue”, cuando ayer conocimos que la enfermedad se cobró la vida de Elianny Capellán, santiaguera de 7 años.
Sabemos que es un mal insular y endémico; que el cambio climático contribuye a exacerbarlo; que los ciudadanos debemos contribuir a su prevención; que Salud Pública realiza campañas de concienciación; que fumiga barrios y aplica tantos otros esfuerzos más para controlar su expansión y evitar muertes.
Al final todo parece resultar poco y niños continúan muriendo por la evitable causa del dengue. ¿Qué entonces es lo que estamos haciendo mal?
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