En los finales de los noventa y a inicios de la presente década, el premio Nóbel de economía, Joseph Stiglitz, formuló impactantes cuestionamientos contra organismos financieros como el Banco Mundial (donde trabajó) y el FMI.
Entendía que aplicaban recetas económicas estandarizadas que ignoraban las particularidades sociales de las naciones subdesarrolladas, por lo que los ajustes agravaban los problemas de desempleo y pobreza.
Un caso reciente parece revigorizar la visión del experto. El gobierno de Malawi, país del sureste africano, aplica políticas de reducción del hambre que están funcionado bien, pero desestimando con ellas recomendaciones de organismos internacionales. Es de esperar que hayan calculado bien el riesgo de desafiar el establishment global.
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